
ER.-El uso intensivo de agua en actividades industriales como la refinación de petróleo representa un desafío urgente para la sostenibilidad hídrica en América Latina. Según el Ministerio del Ambiente (Minam), se requieren aproximadamente 10 mil litros de agua para procesar una sola tonelada de petróleo, considerando tareas como la extracción, producción, conversión, sistemas de enfriamiento, limpieza y mantenimiento de equipos.
Frente a este panorama, especialistas y empresas tecnológicas destacan la necesidad de transitar hacia un modelo de economía circular que permita reutilizar el agua y reducir su consumo en los procesos industriales. Una de las alternativas más eficaces proviene del uso de tecnologías avanzadas de tratamiento, como las desarrolladas por Ecolab, empresa líder en soluciones de agua, higiene y prevención de infecciones.
Tecnología para un futuro hídrico más sostenible
“Con tecnologías como la ósmosis inversa, la automatización de procesos y el tratamiento avanzado de aguas residuales, las refinerías pueden reducir significativamente la extracción de nueva agua y reutilizar la que ya ha sido empleada”, explicó Vanessa Spicker, líder de la Unidad de Negocio Basic Industries & Downstream para Latinoamérica Sur, Central y el Caribe en Ecolab.
A través de procesos como la floculación y el uso de filtros textiles, es posible separar aceites y sólidos de las aguas residuales generadas por industrias como la petrolera y minera, permitiendo su reutilización en tareas como limpieza de equipos y sistemas de refrigeración.
El agua, un recurso cada vez más escaso
Diversas ciudades de América Latina han enfrentado en los últimos años situaciones de racionamiento de agua por escasez hídrica, lo que refuerza la necesidad de aplicar soluciones sostenibles en todos los sectores económicos.
“Cada actividad económica tiene la oportunidad y responsabilidad de reducir su impacto ambiental, consumiendo menos recursos naturales y adoptando principios de sostenibilidad y responsabilidad hídrica”, enfatiza el Minam.
Promover el uso eficiente del agua y avanzar hacia una economía circular no solo es una estrategia ambiental, sino una medida urgente para garantizar el acceso continuo a este recurso esencial en un contexto marcado por el cambio climático y el crecimiento industrial.



