
ER.-Frente a un panorama global de crecientes amenazas desde crisis ecológicas hasta tensiones geopolíticas, el debate sobre la viabilidad del cambio transformacional adquiere urgencia. Muchos expertos plantean hoy una pregunta clave: ¿estamos perdiendo la batalla por la transformación sistémica, o aún es posible retomar el camino?
El concepto de cambio transformacional o sistémico —que implica una transformación profunda de los sistemas políticos, económicos, productivos y financieros— requiere no solo ajustes superficiales, sino la revisión de valores, reglas, instituciones y mecanismos de gobernanza.
Tres fases en la historia reciente
Analistas identifican tres grandes momentos en los últimos años: el periodo pre-pandemia, la pandemia misma y el periodo que se abre a partir de 2025.
En los dos primeros, la agenda del “reconstruir mejor” (“build back better”) ganó terreno como promesa de transformación global. Pero en el tercer periodo, esa hoja de ruta parece tener dificultades para mantenerse vigente.
Los ejes del cambio que tiemblan
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Valores abandonados: Se pregunta si los valores que guiaban la agenda de cambio siguen vigentes. Un ejemplo: algunos gobiernos en América Latina han optado por eliminar el ministerio del ambiente como muestra de que la prioridad ha cambiado.
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Instituciones y reglas en transformación: Las reglas que regulan los sistemas productivos, financieros y gubernamentales están siendo reconfiguradas por nuevas dinámicas globales.
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Reticencia política al cambio climático: En ciertos espacios se evita mencionar expresamente la “transición energética” o la “meta neta cero”, por temor a reacciones políticas adversas. Esto apunta a una pérdida de impulso en la agenda climática tradicional.
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La necesidad de cambio sistémico real: La literatura especializada recuerda que cambiar solo las partes sin modificar la estructura más profunda del sistema rara vez produce transformación duradera.
¿Qué se puede hacer para retomar la ruta?
Los expertos apuntan a varias palancas de acción:
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Alinear las condiciones del sistema (incentivos, subsidios, regulaciones) con el propósito mayor.
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Fomentar mentalidades y valores nuevos, involucrando a ciudadanos, instituciones y mercados en una visión compartida.
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Reforzar la gobernanza y cooperación internacional, pues sin marcos de decisión colaborativos la transformación se debilita.
Conclusión
El reto hoy no es menor: la transformación que se pensaba inminente enfrenta una encrucijada. No se trata solo de mantenerla, sino de adaptarla a nuevas realidades donde las reglas, valores e instituciones están en pleno cambio. La pregunta que muchos plantean es si aún tenemos capacidad colectiva para caminar hacia ese futuro que parecía tan claro hace poco.