
ER.- La inflamación crónica de bajo grado, asociada a la dieta moderna, se ha convertido en un factor determinante en el desarrollo de enfermedades como la diabetes, el cáncer y los problemas cardiovasculares. Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades no transmisibles causaron al menos 43 millones de muertes en 2021, lo que representa el 75 % de los fallecimientos a nivel global.
Diversos estudios científicos coinciden en que la alimentación no solo cumple una función nutricional, sino que también regula procesos biológicos clave. Cuando la inflamación permanece activa durante largos periodos, aumenta el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles, que hoy constituyen una de las principales cargas para los sistemas de salud.
El consumo frecuente de productos ultraprocesados —ricos en azúcares añadidos, grasas saturadas y sodio— está directamente relacionado con este estado inflamatorio persistente. Este patrón alimentario, cada vez más extendido en entornos urbanos, afecta la salud metabólica y favorece la aparición de patologías crónicas.
En el caso peruano, esta tendencia se replica con fuerza. Las enfermedades no transmisibles representan el 58,5 % de la carga total de enfermedad y están asociadas al 66 % de los fallecimientos, muchos de los cuales podrían prevenirse mediante cambios en el estilo de vida.
Frente a este escenario, especialistas plantean la alimentación antiinflamatoria como una estrategia clave de prevención. Este enfoque prioriza el consumo de frutas, verduras, granos integrales, pescado, frutos secos y aceite de oliva, alimentos ricos en compuestos antioxidantes que contribuyen al equilibrio del organismo.
A estos se suman productos tradicionales con alto valor nutricional, como la maca, el yacón, el sacha inchi y el tarwi, cuyo consumo puede ayudar a reducir factores de riesgo metabólico y fortalecer el sistema inmunológico.
“Integrar estos alimentos en la dieta no solo mejora la salud, sino que también revaloriza la biodiversidad y la identidad alimentaria del país”, explicó José Luis Guzmán, director de la Carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad San Ignacio de Loyola.
El enfoque preventivo también se traslada al ámbito académico y sanitario. Iniciativas orientadas a promover estilos de vida saludables buscan cambiar el paradigma tradicional de atención, priorizando el bienestar integral y la prevención por encima del tratamiento de enfermedades.
En ese marco, la formación de profesionales con enfoque en nutrición y salud pública resulta clave para enfrentar este problema, considerando tanto la evidencia científica como el contexto alimentario local.
En un escenario donde las enfermedades crónicas continúan en aumento, especialistas coinciden en que modificar los hábitos alimentarios y promover una dieta equilibrada son medidas fundamentales para reducir la inflamación, prevenir enfermedades y mejorar la salud colectiva.

