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PERÚ ANTE EL RETO ENERGÉTICO: TRANSICIÓN CON COMPETITIVIDAD

ER.-Según datos recientes, el sector energético fue responsable del 12,7 % de las emisiones nacionales en 2023, con 11,88 millones de toneladas de CO₂ equivalentes. En total, el país generó 58,4 millones de toneladas de emisiones, un incremento del 2,44 % respecto al año anterior. Estas cifras confirman la necesidad de acelerar la transición hacia un modelo más sostenible basado en eficiencia y cumplimiento regulatorio.

En términos de consumo, el uso eléctrico per cápita alcanzó los 1 761 kWh por habitante en 2025, una leve reducción frente al máximo de 1 869 kWh registrado en 2024. Este comportamiento revela que la gestión energética no puede seguir siendo reactiva: debe anticipar la demanda, fortalecer la resiliencia y convertirse en un eje estratégico dentro de las operaciones.

A pesar del avance de las energías limpias, los combustibles fósiles siguen representando el 69,3 % del consumo final: un 43,6 % proviene del petróleo y 25,7 % del gas natural. Esto demuestra que la descarbonización no se logrará solo desde la oferta eléctrica, sino también desde una transformación profunda de la demanda.

En ese sentido, la eficiencia energética emerge como un componente esencial para reducir emisiones y costos. Medidas como auditorías técnicas, modernización de activos eléctricos y digitalización de la gestión son hoy condiciones indispensables para operar de manera competitiva y responsable.

La matriz eléctrica peruana también muestra signos de cambio. A julio de 2025, la generación se distribuía en 45 % hidroeléctrica, 41 % gas natural, 9,4 % eólica y 4,4 % solar. Si bien la base renovable es significativa, las fuentes fósiles aún tienen un peso determinante. Consolidar esta transición requerirá visión regulatoria, inversión sostenida y compromiso empresarial.

Los especialistas advierten que la solución no se limita a incrementar la capacidad instalada. Se trata de modernizar el ecosistema energético para que la energía fluya de forma más limpia y eficiente. Esto implica agilizar la aprobación de proyectos renovables, actualizar la infraestructura eléctrica para integrar nuevas fuentes y promover la generación distribuida, permitiendo que más actores participen activamente en el sistema.

Asimismo, un marco regulatorio estable y una coordinación público-privada efectiva pueden marcar la diferencia entre una transición lenta y una verdadera transformación del modelo energético peruano.

En este contexto, los expertos coinciden en que la transformación energética va más allá de los discursos. Requiere planificación, ejecución y continuidad. Las empresas que integren la sostenibilidad como parte central de su estrategia no solo reducirán riesgos, sino que también estarán mejor preparadas para responder a las exigencias de un mercado global que demanda acciones concretas frente al cambio climático.

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