
ER.- El aumento en la frecuencia e intensidad de las olas de calor en el Perú está generando impactos no solo ambientales, sino también económicos y sociales, especialmente en la Costa Norte. Las altas temperaturas vienen afectando la productividad laboral, los ingresos familiares y las condiciones de salud de la población expuesta.
De acuerdo con el Senamhi, en diciembre de 2025 se registraron 202 olas de calor diurnas y 46 nocturnas en el país. Para la primera semana de febrero se prevén temperaturas entre 30 °C y 36 °C en Lambayeque y entre 32 °C y 37 °C en Piura, acompañadas de altos niveles de radiación ultravioleta.
El economista César García, de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), señaló que el calor extremo reduce la capacidad laboral y tiene consecuencias directas sobre los ingresos. Recordó que, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), al menos 4 millones de personas en el país trabajan en actividades al aire libre, por lo que son particularmente vulnerables a la disminución de productividad asociada a las altas temperaturas.
La agricultura figura entre los sectores más expuestos. En Lambayeque, cerca de 140 mil personas dependen de esta actividad, mientras que en Piura la cifra alcanza los 280 mil trabajadores. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que cuando la temperatura supera los 33 °C, la capacidad laboral puede reducirse hasta en un 50 %. A ello se suma la estimación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que proyecta que el calor extremo podría disminuir hasta en un tercio el PBI agrícola peruano.
El sector construcción también enfrenta riesgos debido al trabajo físico continuo bajo altas temperaturas, lo que incrementa casos de deshidratación y agotamiento, obligando a pausas más frecuentes y posibles retrasos en obras. El comercio ambulatorio constituye otro grupo vulnerable: miles de vendedores en Lambayeque y Piura laboran en espacios públicos sin protección adecuada frente al sol, lo que limita sus jornadas y reduce sus ventas.
Las noches calurosas agravan el problema. La falta de descenso térmico impide la recuperación del organismo y afecta la calidad del sueño. Según datos del INEI al 2024, el 51 % de los hogares en Lambayeque y el 77 % en Piura cuentan con techos de calamina, estera o fibra de cemento, materiales que retienen el calor y elevan la temperatura interior de las viviendas.
El impacto alcanza también al ámbito educativo. De acuerdo con el Ministerio de Educación (Minedu), al 2025 alrededor del 50 % de los colegios en Lambayeque y el 52 % en Piura no disponen de acceso adecuado a agua, lo que dificulta la higiene y la adaptación de la infraestructura ante temperaturas extremas.
Especialistas advierten que incorporar el riesgo por calor extremo en la planificación regional y municipal resulta clave para proteger la salud, el empleo y la educación, en un contexto en que el cambio climático podría intensificar estos episodios en los próximos años.



