
ER.-Cada año, miles de equipos de oficina, servidores y dispositivos electrónicos llegan al final de su vida útil en el Perú. Sin embargo, gran parte de ellos termina almacenada indefinidamente o dispuesta de manera informal, una práctica que —lejos de reducir costos— genera riesgos graves para la salud, la reputación corporativa y la continuidad del negocio.
En el marco de la Semana de la Educación Ambiental (cuarta semana de octubre), expertos advierten sobre la negligencia en la gestión de la tecnología obsoleta y la urgencia de adoptar prácticas responsables. Según la OMS, el manejo informal de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) expone a los trabajadores a sustancias peligrosas como plomo, mercurio y cadmio, con efectos a largo plazo para la salud ocupacional.
Además, cifras del Ministerio del Ambiente (MINAM) revelan que más de 100,000 toneladas de RAEE generadas anualmente en el país son mal dispuestas, lo que constituye un pasivo ambiental y legal para las organizaciones.
“El riesgo ya no es ajeno: está en el datacenter o en el archivo muerto. La gestión irresponsable de los RAEE es hoy una vulnerabilidad crítica que afecta la sostenibilidad, el gobierno corporativo y la reputación. Entregar los activos obsoletos a un operador certificado no es un gasto, es un acto de diligencia debida”, señaló Edgar Aguilar, gerente general de Comimtel, empresa líder en reciclaje y gestión de residuos electrónicos.
Aguilar destacó que la minería urbana —la recuperación de materiales valiosos contenidos en los equipos— permite convertir residuos peligrosos en recursos estratégicos, garantizando la trazabilidad y el cumplimiento de la normativa ambiental.
El especialista identificó los siete errores más comunes que cometen las empresas en la gestión de RAEE:
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Desmantelar internamente sin protocolo ni limpieza de datos, exponiendo al personal y dejando vulnerabilidades de información.
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Acumular equipos obsoletos en almacenes, lo que libera contaminantes y genera pasivos financieros.
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Botar los RAEE junto con la basura común, incumpliendo la normativa ambiental.
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No llevar inventarios ni trazabilidad, lo que impide demostrar diligencia ante fiscalizaciones.
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Descartar cables, toners o baterías sin valorizarlos, perdiendo materiales recuperables.
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Contratar gestores informales o sin licencia, exponiéndose a sanciones y daños reputacionales.
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Tratar los RAEE como basura, en lugar de reconocerlos como materia prima secundaria que puede generar valor económico.
El reciclaje formal de electrónicos no solo garantiza el cumplimiento regulatorio, sino que también reduce la huella de carbono, protege la propiedad intelectual y fortalece la economía circular.
Con estas acciones, Comimtel reafirma su compromiso con la sostenibilidad empresarial, el gobierno corporativo y la economía circular, impulsando una transición hacia una gestión responsable de los residuos electrónicos en el país.



